La Barcelona de Gaudí

Barcelona es una ciudad que no deja indiferente a nadie, por algo los griegos la llamaban Kallípolis, que significa “ciudad bella”, aunque su nombre actual parece derivar del íbero Barkeno que luego los romanos, en época del emperador Augusto, adaptarían como Barcino. Importante enclave estratégico y comercial desde tiempos remotos, Barcelona ha crecido entre dos barreras naturales que forman parte de su identidad: el Montjuïc, la montaña sagrada, y el Mediterráneo.

Precisamente son las aguas del Mediterráneo quienes dan la bienvenida al viajero que llega por aire a la ciudad condal, ya que el aeropuerto está situado cerca de la costa, concretamente a 6 metros sobre el nivel del mar, entre los municipios de El Prat de Llobregat, Viladecans y Sant Boi.

Para conocer mejor esta ciudad mediterránea que tantos visitantes recibe al año, nada mejor que trazarnos un plan de viaje. Cuatro diferentes rutas nos permitirán recorrer la ciudad y conocer todos sus encantos. En este primer artículo, comenzaremos de la mano de quien es uno de sus mejores embajadores: Gaudí.

Ruta Gaudí

El Mediterráneo se integra en Barcelona a través de sus puertos y playas y también a través de la arquitectura de Gaudí, una de las señas de identidad más reconocidas de la ciudad y que ha traspasado fronteras. Antoni Gaudí (1852-1926) ideó y plasmó un modelo arquitectónico vanguardista y totalmente innovador. Alejado de los convencionalismos, sus diseños desafían el clasicismo propio su época y ponen de manifiesto su pasión por la geometría y el volumen. La naturaleza le sirvió como fuente de inspiración, como se puede comprobar en la Casa Milá, conocida también como La Pedrera, cuya arquitectura ondulante recrea las ondas del mar. A lo largo de su carrera, Gaudí fue integrando en sus creaciones todo tipo de trabajos artesanales: madera, forja, cerámica, vidriería, etc.; quizá su aportación más significativa, en cuanto a decoración, sea el conocido “trencadís” una técnica decorativa realizada con restos de azulejos y que puede ser admirado en algunas de sus creaciones, como el Parque Güell o la Casa Batlló.

Para Gaudí era muy importante la integración del edificio en su entorno, de la misma manera que en la naturaleza todos los elementos se integran armónicamente hasta conformar un Todo. A esta finalidad (y al estudio constante para optimizar la estructura del edificio) dedicó toda su vida, logrando finalmente un estilo arquitectónico que combina equilibradamente la tradición con la innovación.

No podemos hablar de Antoni Gaudí sin mencionar al que fue su gran amigo y mecenas, Eusebi Güell, para el que realizó numerosos encargos entre los que destacan y para todos es sobradamente conocido, el Parque Güell.

Mucho se podría escribir sobre la vida y obra de este magnífico artística, máximo exponente del modernismo en Cataluña, si bien la extensión de este artículo impide una mayor profundización en el tema. Hagamos pues un pequeño recorrido por Barcelona de la mano de su obra que es, en realidad, la mejor forma de conocer la personalidad de un artista y en este caso, también de una ciudad.

Casa Vicens

En la calle Carolines, 24 del céntrico barrio de Gracia se encuentra la Casa Vicens, uno de los primeros trabajos de Gaudí después de licenciarse como arquitecto. Es un edificio modernista encargo de Manuel Vicens i Montaner para ser utilizado como residencia veraniega de la familia.

En esta etapa de su carrera, Gaudí está muy interesado por el estilo oriental que se refleja no sólo en la utilización de arcos al estilo mudéjar sino también en la ornamentación y decoración de la fachada, realizada con azulejos de colores.

La Casa Vicens fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 2005.

Sagrada Familia

Esta es, quizás, la obra más conocida de Gaudí, a la que dedicó más tiempo y que finalmente no pudo ver terminada. En 1883 Gaudí se hizo cargo del proyecto, que había sido iniciado por el arquitecto Francisco de Paula del Villar y Lozano. Una vez adjudicado el proyecto, el joven Gaudí lo reformó por completo transformando el proyecto inicial de estilo neogótico en el templo modernista que es hoy. Cuarenta y tres años de su vida dedicó Gaudí a esta obra, los últimos quince en exclusiva. De las dieciocho torres que tendrá la basílica cuando esté terminada, sólo alcanzó a ver la de San Bernabé. El proyecto, que todavía hoy sigue inconcluso, ha pasado por las manos de varios arquitectos desde la muerte de Gaudí; su trabajo se ha visto dificultado por la destrucción parcial del taller del artista durante la Guerra Civil y por la particular forma de trabajar del arquitecto, poco propenso a dejar directrices para continuar el trabajo en caso de que él faltase. En 1944 se recomenzaron los trabajos en la Sagrada Familia y en el año 2005 la Unesco reconoció como Patrimonio de la Humanidad la obra realizada por Antoni Gaudí: la fachada del Nacimiento y la cripta.

Pabellones Güell

Situados en el barcelonés barrio de Pedralbes, los Pabellones Güell son un encargo del conde Güell y en la actualidad acogen la Real Cátedra de Gaudí. El estilo de construcción responde al gusto orientalista que Gaudí sentía en la época (1884), con ciertas reminiscencias mudéjares. Por el simbolismo que guarda y por su estética modernista y compleja, destaca la verja en hierro de la puerta principal. De la reja surge un dragón alado, con ojos de cristal, que representa al dragón guardián del Jardín de las Hespérides[i]. La forma del animal se corresponde con la constelación del Dragón –de la que ya Ptolomeo daba cuenta- que fue la forma que Hera concedió a Ladón (el dragón de cien cabezas) en agradecimiento por sus servicios, después de que Hércules (según algunas versiones) diera muerte durante una de sus pruebas.

Palacio Güell

Declarado Patrimonio de la Humanidad en 1984, el Palacio Güell se ubica en la calle Nou de la Rambla, en Barcelona, muy cerca del puerto y de la Plaza de Cataluña. La construcción del edificio comenzó en el año 1886 y supuso el primer encargo importante para Gaudí. El estilo oriental del palacio está dentro de la línea habitual del arquitecto durante esta época. La puerta de entrada al palacio es un gigantesco arco parabólico coronado por una impresionante reja de hierro forjado realizada por el forjador Joan Oñós. Las dimensiones monumentales del acceso estaban pensadas para que los invitados pudiesen entrar al edificio a caballo o en sus propios carruajes; esta original concepción favoreció la creación de unas caballerizas en el sótano del edificio, idea muy innovadora para la época y que nos regala un acceso en forma de rampa helicoidal, diseño de Gaudí. Comienza el reinado de la curva sobre la recta.

En la azotea, las chimeneas comienzan a ganar un protagonismo que Gaudí irá perfeccionando a lo largo de su carrera. En lugar de considerarlas un elemento común en la construcción, las utiliza para decorar y construye chimeneas revestidas de azulejos de vistosos colores, recreando diversas formas geométricas.

Colegio de las Teresianas

Construido por Gaudí en 1888, el Colegio de las Teresianas de Barcelona es un edificio sobrio realizado en ladrillo. A pesar de que el encargo recibido era el de construir un edificio que se correspondiese con el voto de pobreza característico de la orden, Gaudí se las ingenió para realizar, con el propio ladrillo de la construcción, elementos ornamentales. Nuevamente utilizaría el hierro forjado como elemento decorativo en puertas y en algunas zonas de la fachada.

Quizás lo más espectacular de este edificio sea el pasillo de arcos catenarios construido en el interior, que producen al contemplarlos una sensación de íntimo recogimiento y elevación del espíritu a Dios, aunque también tienen una función práctica al servir de sostén del techo y el piso superior.

Casa Calvet

Según los expertos en la obra de Gaudí, esta es su obra más conservadora. Cierto o no, la Casa Calvet guarda un armónico equilibrio entre la elegancia y la modernidad. La ornamentación del edificio es fértil en simbolismo, sobre todo relacionado con las aficiones del propietario o con la naturaleza de su negocio. Por ejemplo, las columnas de la entrada asemejan bobinas de hilo, en clara alusión a la actividad comercial de Calvet (industria textil); y en la barandilla en forja de la tribuna, encontramos diferentes tipos de setas, una de las aficiones del propietario. Otro tipo de simbolismo, esta vez relacionado con la naturaleza, encontramos diseminado por el edificio: por ejemplo ramas de olivo y de ciprés, símbolos respectivamente de la paz y de la hospitalidad. Las barandillas de la azotea tienen forma de palma, símbolo del martirio; y más simbología encontramos en el picaporte de la puerta de entrada, una cruz griega que golpea sobre una chinche, todo ello en alusión a la fe que aplasta al pecado.

Torre Bellesguard

Emplazada en el solar donde antiguamente se levantaba el castillo del rey de Aragón Martín I el Humano, la casa Figueras, más conocida como Torre Bellesguard está construida sobre las ruinas del antiguo edificio, conservando por ello un aire de fortaleza medieval. La casa es de estilo neogótico, construida en piedra pizarrosa, buscando siempre integrarla en su entorno natural. Los elementos de forja y los mosaicos de azulejos dan el toque de color y fantasía al conjunto.

Parque Güell

Junto con la Sagrada Familia, es su obra más conocida. Fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1984 y consiste en un jardín con elementos decorativos, aunque inicialmente fue concebido como una urbanización en la que se integrarían viviendas para la clase alta. No obstante, en 1922 fue inaugurado como parque público después de que los herederos del conde Güell vendieran la propiedad al Ayuntamiento de Barcelona.

En esta obra Gaudí derrochó todo su ingenio, toda su imaginación y puso en práctica todas las soluciones estructurales que había ido ideando ya lo largo de su carrera y que plasmaría luego en la Sagrada Familia. El colorido, la profusión de formas ondulantes, la alusión simbólica y mitológica en los ornamentos, junto con la situación geográfica del monte del Carmel, con vistas al mar, hacen del Parque Güell todo un baño de sensaciones.

De entre los muchos elementos decorativos del parque, destacan la Escalinata, la Sala Hipóstila y la Plaza que conforman el núcleo o punto central del recinto.

La Escalinata –que da acceso a la Plaza- contiene en su parte central tres fuentes ornamentadas, de fuerte connotación simbólica. La primera presenta un círculo y un compás, símbolos del mundo y del arquitecto respectivamente; en la segunda fuente aparece el escudo de Cataluña y una serpiente, rodeados por flores de eucalipto. Se cree que la serpiente hace alusión a la medicina. En la tercera fuente encontramos la famosa salamandra o dragón realizada con brillantes azulejos de colores, que se ha convertido en seña de identidad del parque. Este animal, la salamandra, representa a la ciudad de Nimes, de donde Eusebi Güell era oriundo. Finalmente y en la cima de la escalinata, existe un banco con una peculiar característica: está ubicado de tal forma que durante el invierno recibe el sol y durante el verano la sombra.

La Sala Hipóstila está compuesta por 86 columnas estriadas, de orden dórico, que sostienen la Plaza superior. Fue pensada para albergar el mercado de la urbanización inicialmente proyectada, aunque en la actualidad no tiene una función definida. El techo está revestido con la técnica de trencadís, en blanco, formando bóvedas semiesféricas. Lo adornan unos rosetones realizados por un discípulo de Gaudí: 4 grandes que representan las cuatro estaciones y 14 más pequeños que representan el ciclo lunar.

Finalmente la Plaza, corazón del parque, es un óvalo de 3.000 m2 bordeado por un banco ergonómico decorado con la técnica de trencadí. Los motivos geométricos, abstractos y simbólicos del banco fueron realizados por Josep María Jujol, el mismo discípulo de Gaudí que realizó los rosetones de la Sala Hipóstila.

Casa Batlló

La Casa Batlló fue una reconstrucción sobre un edificio ya existente. De entre todas las maravillas que la obra de Gaudí nos legó la Casa Batlló es, para esta autora, el mejor exponente de la maestría, imaginación creativa y belleza del prolífico arquitecto catalán. Contemplar este edificio iluminado por la noche es como abrir una puerta a la fantasía y viajar a mundos desconocidos e irreales.

Llaman poderosamente la atención los balcones en forma de antifaz, fantasmagóricos iluminados en la noche; y la fachada revestida de trozos de azulejos, auténtica explosión de color en pleno corazón del Paseo de Gracia. Las chimeneas son auténticas obras de arte en forma helicoidal, coronadas con piezas en forma de cono. Rematando la fachada en su parte superior, una bóveda revestida de azulejos se asemeja al lomo de un dragón. Fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 2005.

Casa Milà

Terminamos nuestra visita a la Barcelona de Gaudí visitando la Casa Milà, conocida también como La Pedrera. A pesar de las vicisitudes por las que el edificio ha ido atravesando a lo largo de su historia, en la actualidad puede ser visitado en parte gracias a la entidad que la adquirió en 1986 y que ha realizado numerosas obras de restauración y conservación. Los motivos ornamentales de la fachada son alusiones a la naturaleza, como se ve puede ver en los balcones, cuyos forjados emulan plantan trepadoras. También en el interior encontramos evocaciones a la naturaleza, como por ejemplo en los falsos techos de yeso que imitan las olas del mar y flora marina. En la azotea originales chimeneas con forma de guerreros tocados con yelmo, decorados con la técnica de trencadí, se acompañan de no menos originales salidas de escalera, coronadas con la cruz de cuatro brazos típica de la arquitectura de Gaudí.

Dejaremos para un próximo artículo el seguir disfrutando de la riqueza artística y cultural de Barcelona. Los museos de la ciudad nos esperan y nosotros trataremos de profundizar en ellos para descubrir sus encantos.

Carmen Morales


[i] En la mitología griega, el Jardín de las Hespérides era el lugar donde vivían una ninfas (Hespérides). Este lugar se situaba en algún lugar de las montañas de Arcadia, Grecia. Se dice que este jardín era el huerto de Hera donde crecían las manzanas de la inmoratalidad, además de otros frutos. Las Hespérides tenían como misión cuidar de este huerto o jardín, pero Hera al no confíar en ellas totalmente, dejó en el jardín un dragón de cien cabezas llamado Ladón, siempre vigilante.